Hoy le llamo miedo, tal vez
sobrenombre ¿será un camuflaje? Seguramente ninguno en este momento de
indescifrables autodemandas. El pasado viene a galope, recio, cercano e
imponente, lo siento en la espalda como quien es asaltado, el frío sube por la
espalda y el pasado se hace espasmo, inmovilización de cuerpo completo para
sentir la conciencia retumbar en la cabeza. Un llamado de emergencia al
presente y el cuerpo lo sufre, convulsiona, expulsa lagrimas a borbotones, se
contrae y expande como el universo mismo; luego todo es como la aurora,
destello entre las montañas, viene la brisa a posarse sobre el rostro y ver
como sana la herida, el vacío se convierte en un abrazo, la necesidad de un
beso rebosante, en estirar la mano para sostener la calidez de otro cuerpo que
no puede ser poseído sino admirado y liberado. Hoy sigue sin nombre pero ya no
está escondido, puede olerse, tocar, se siente luz y destello, hay una certeza
incrustada en el pecho como roca que no cede a la corriente. Hoy es amar, un
respiro salvaje, innato como quien queda expuesto a la intemperie sin
posibilidad o necesidad de huir.