martes, 21 de agosto de 2012

NO ME GUSTA EL AMARILLO Y DESDE PEQUEÑO LO DECIDÍ


Una noche de aquellas sin nombre, mi madre se dedicaba a destruirme la infancia y de alimentarme el vicio humano de recordar; especialista ella en la compañía nocturna eligió contarme la historia del pájaro pollo, si bien no podría traer al presente el sentido malicioso de este ente representante del miedo popular, recuerdo que su boca iba describiendo la figura imperfecta de este animal que con aspecto de gallina, con ojos saltones y plumaje encendido de un color amarillento deslumbrador, expulsaba de su pico maléfico el sonido tenue de los pollos al nacer, que causaba una sensación desagradable en los pecadores, entre más lejos lo escuchabas más cerca lo tenías, y aquello se empeñó en decirlo con tal calma que su gélida voz taladraba mi imaginación. Llegaron y se fueron centenares de noches y ya no espero escuchar tal susurro, tan sólo desprecio el amarillo tanto como la voz de mi madre en su noche de lucidez.

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