Una
noche de aquellas sin nombre, mi madre se dedicaba a destruirme la infancia y
de alimentarme el vicio humano de recordar; especialista ella en la compañía
nocturna eligió contarme la historia del pájaro pollo, si bien no podría traer
al presente el sentido malicioso de este ente representante del miedo popular,
recuerdo que su boca iba describiendo la figura imperfecta de este animal que
con aspecto de gallina, con ojos saltones y plumaje encendido de un color
amarillento deslumbrador, expulsaba de su pico maléfico el sonido tenue de los
pollos al nacer, que causaba una sensación desagradable en los pecadores, entre
más lejos lo escuchabas más cerca lo tenías, y aquello se empeñó en decirlo con
tal calma que su gélida voz taladraba mi imaginación. Llegaron y se fueron
centenares de noches y ya no espero escuchar tal susurro, tan sólo desprecio el
amarillo tanto como la voz de mi madre en su noche de lucidez.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario