El tiempo suele ser el elemento
corrosivo del interés humano por su entorno o sus actividades cotidianas
diferentes a las fisiológicas, pero he allí lo curioso, los productos de su ingenio
tales como la música o la escritura logran escapar a ello, por lo tanto no es
extraño que cada uno busque la inmortalidad jugando con lo común y disfrazándolo
de novedoso, encarnando similares situaciones con la condición de no cansarse
de sorprenderse, aquel o aquella que se reúse a hacerlo, que se afane por
buscarle termino a su contrato banal con la vida.
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