martes, 16 de octubre de 2012

¡PARE!


Mirada fija a la derecha, mujer blanca, de cabello castaño y largo, con incontables gotas de agua que escurren de el. Mirada  hacia la izquierda, hombre cuarentón, vencido por el sueño y devuelto a la realidad por la pisada del freno. Ya somos como sesenta guardando recuerdos, reparando al del costado, un costalado de preocupaciones, y muchas más travesías y sonrisas guardan silencio. Los destinos son diversos, pero son ocho ruedas las que se llevan de excursión los pensamientos en cárceles carnales, que pagan condena ante el afán, el tricolor de lo semáforos, la voluntad de un conductor y las paradas programadas en la ruta LP 17 (Lenta Penitencia). En ese mismo momento, al unisono, se produce un clic insoportable ante la lentitud y el cotejo involuntario de los cuerpos ante las escasez de espacio, la lucha por el aire acondicionado no se hace esperar, y en un abrir y cerrar de ojos ese mismo aire se transforma en combustible, cada nariz sirve de encendedor. Acto seguido, lo que no pudo solucionar el sueño, la ansiedad de ver a ese alguien acogedor, el beso matutino o la cascara del café, tan sólo un árbol bastó para frenar la marcha de las llantas y de los desconocidos, que ahora eran hermanos de sudor, lagrimas y sangre.

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