jueves, 10 de octubre de 2013

CEREZO, METAL Y FORTUNA




Un cuerpo dormido en una cama, un revolver hospedado debajo la almohada, el peso de una cabeza de guardián y con el inconsciente fundido. Entró el niño dando pasos cortos y torpes con un silencio desconocido en la infancia; el televisor estaba encendido, sintonizando el canal once donde justo en ese momento se transmitía el sorteo de la lotería, la mujer de figura estereotipada y ni hablar de su vestido empezó a elegir las balotas, mientras la cabeza cedía el turno de protección a la nada. El niño no perdió la oportunidad de jugar con el juguete del papá desconocido, la almohada fue a dar al suelo de un solo tirón, vio el revólver calibre 38 largo en una quietud insólita, recordó las imágenes de los vaqueros en sus libros de colorear y la duda no lo asaltó, cogió el arma por el tambor y el frío de su metal le arrebató el brillo de los ojos y la tembladera de las manos, lo acomodó en sus manos sosteniéndolo desde la empuñadura y apuntó con el quita vidas plateado hacia la última balota de la lotería, bastó un único estruendo rabioso para completar el número ganador. Al llegar la madre al cuarto contempló los dos premios obtenidos, un niño convertido en hombre asesino y un cuadro de expresionismo abstracto al estilo Pollock, la pintura abarcaba dos paredes del cuarto a base de sangre humana.

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