Un cuerpo dormido en una cama, un
revolver hospedado debajo la almohada, el peso de una cabeza de guardián y con
el inconsciente fundido. Entró el niño dando pasos cortos y torpes con un
silencio desconocido en la infancia; el televisor estaba encendido, sintonizando
el canal once donde justo en ese momento se transmitía el sorteo de la lotería,
la mujer de figura estereotipada y ni hablar de su vestido empezó a elegir las
balotas, mientras la cabeza cedía el turno de protección a la nada. El niño no
perdió la oportunidad de jugar con el juguete del papá desconocido, la almohada
fue a dar al suelo de un solo tirón, vio el revólver calibre 38 largo en una
quietud insólita, recordó las imágenes de los vaqueros en sus libros de
colorear y la duda no lo asaltó, cogió el arma por el tambor y el frío de su metal
le arrebató el brillo de los ojos y la tembladera de las manos, lo acomodó en
sus manos sosteniéndolo desde la empuñadura y apuntó con el quita vidas
plateado hacia la última balota de la lotería, bastó un único estruendo rabioso
para completar el número ganador. Al llegar la madre al cuarto contempló los
dos premios obtenidos, un niño convertido en hombre asesino y un cuadro de expresionismo
abstracto al estilo Pollock, la pintura abarcaba dos paredes del cuarto a base
de sangre humana.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario