sábado, 8 de febrero de 2014

ALGUIEN




Le vi venir entre las tinieblas, como la lucecita vista por quienes se suspenden entre la vida y la muerte por unos segundos. Era un alguien con olor a pasado, con el cabello diferente para sorprender mis ojos; sosteniendo entre sus labios las palabras justas para deshacer el hormigón de dos oídos fugitivos. Quisiera declararle la guerra a su presencia peregrina, ocultarla donde fueron a dar los recuerdos lactantes; juguemos a las escondidas por los continentes, usted cuenta con los ojos vendados bajo un samán en Maracay, y yo busco refugio en un iglú, así no siente el calor de mi cuerpo ni el rastro de mi respiración volcánica. Basta, camine hacia atrás y espere la caída, no seremos más que alguien, no necesitamos una llamada ronca en la madrugada, no deseamos un cuerpo al lado dando calor de más. Sólo restamos en vez de multiplicar, corramos en direcciones contrarias hasta que uno de los dos corazones se detenga primero, será el periquete indicado para vernos de nuevo y decirnos, menos mal existió. 

lunes, 3 de febrero de 2014

JOVEN AÚN



Arrojaba su presente al aire, las canas volaban al lado de los bolos verdes ante un desfile de automóviles, llenos de humanos caritativos y otros no tanto. Flexionaba sus piernas y agitaba sus brazos desafiando la osteoporosis, danzaba ante la decadencia de sus caderas y coordinaba con la misma precisión de un reloj antiguo. Cada persona que le observaba encorvado debajo del comandante tricolor, entreabría la boca y sus miradas parecían contemplar una presencia inefable. Las manos pecosas y arrugadas fueron atrapando uno a uno los bolos, terminando el show número veintitrés de la noche, pasó lentamente al lado de cada carro con un sombrero gris desgastado, en el que arrojaban monedas y billetes de diferente valor. No le importaba el dinero, todo era un ritual para anestesiar la vejez, recordaba los cientos de lugares conocidos, las personas que llenaron de aventura su andar y las pérdidas evitables e inevitables. Caminó de nuevo hacia su casa, poco antes de llegar se acercó a unos arbustos frondosos que escondían un saco y un pantalón largo de lino, entró a su casa saludando a su también añeja compañera. Le preguntaron dónde había estado, precisando solamente que la noche y el vino son el elixir de la juventud. Somos demasiado viejos para dar explicaciones, así decía don Arcesio cuando atendiendo la botica del barrio, su esposa le preguntaba por algo que no se había pagado; él la miraba con perspicacia para detenerla con ese argumento, luego me miraba, me entregaba mi pedido y sobándome la cabeza esbozaba una sonrisa futurista, joven aún, pronto lo entenderás.