lunes, 3 de febrero de 2014

JOVEN AÚN



Arrojaba su presente al aire, las canas volaban al lado de los bolos verdes ante un desfile de automóviles, llenos de humanos caritativos y otros no tanto. Flexionaba sus piernas y agitaba sus brazos desafiando la osteoporosis, danzaba ante la decadencia de sus caderas y coordinaba con la misma precisión de un reloj antiguo. Cada persona que le observaba encorvado debajo del comandante tricolor, entreabría la boca y sus miradas parecían contemplar una presencia inefable. Las manos pecosas y arrugadas fueron atrapando uno a uno los bolos, terminando el show número veintitrés de la noche, pasó lentamente al lado de cada carro con un sombrero gris desgastado, en el que arrojaban monedas y billetes de diferente valor. No le importaba el dinero, todo era un ritual para anestesiar la vejez, recordaba los cientos de lugares conocidos, las personas que llenaron de aventura su andar y las pérdidas evitables e inevitables. Caminó de nuevo hacia su casa, poco antes de llegar se acercó a unos arbustos frondosos que escondían un saco y un pantalón largo de lino, entró a su casa saludando a su también añeja compañera. Le preguntaron dónde había estado, precisando solamente que la noche y el vino son el elixir de la juventud. Somos demasiado viejos para dar explicaciones, así decía don Arcesio cuando atendiendo la botica del barrio, su esposa le preguntaba por algo que no se había pagado; él la miraba con perspicacia para detenerla con ese argumento, luego me miraba, me entregaba mi pedido y sobándome la cabeza esbozaba una sonrisa futurista, joven aún, pronto lo entenderás.

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