miércoles, 20 de abril de 2016

CAERNOS MUERTOS





No se anda por el mundo pensando lo del mundo, mientras algunos ríen otros lloran al mismo tiempo, no se crea el cambio sin dimensionar qué tanta mierda soporta quien pasa por el lado. Somos caminantes de tierras rojas, una tierra que absorbió demasiada sangre, pisamos secretos y recuerdos hasta que nos volvemos viejos, si es que se alcanza una edad para verse arrugado y decir lo que abuelos y abuelas se decían así mismos para asumir lo inevitable.

-                            -Ya se me están borrando los renglones de lo vieja(o)

Vea que puede ser cierto, parece ser más fácil morir que vivir, pero se coge un nuevo impulso para saltar sobre la peste, estirarse la piel y decirse con encono, me creeré joven al menos para llevar la contraria y dudar. Ante esto los abuelos y abuelas tenían algo más para precisar.


-                          - Cuando al viejo le da por comer caña biche ¡Cáete muerto!

VOS Y EL VUELO






Para usted nunca hubo lugar, no había precisión en lo que sentía ni certezas ante lo que llamaría vida. Todo era tan incierto que no fue necesario detenerse a pensarlo, era la causalidad de usted pensarlo y yo atreverme a preguntar por lo que no sabía. Es en ese preciso momento donde nos encontramos como historias dispersas para escribir sobre una misma página. Ahora venían las dudas disparando a los órganos vitales, ambos fuimos heridos pero alguien debía huir de la balacera, mientras el otro cuerpo inmóvil se desangraba con la convicción de vivir sin miedo. Cuánto corrí, aún no lo sé, me imagino que no se podría contabilizar en kilómetros, sino en la distancia ocasionada por la unión de nuestras lágrimas que deshidrataron nuestras almas y alimentó el silencio. El tiempo ha pasado llevándome como pasajero furtivo, decido detenerme y su cuerpo sigue inmóvil, de pie, mirando hacia el mismo punto, decido acercarme para tocar suavemente su espalda y sentir la calidez de su vitalidad queriéndome nuevamente, mi brazo estirado quiso reposar la mano sobre su figura esbelta pero pasó de largo, ya no estaba presente, usted decidió seguir con la misma convicción de vivir sin miedo, aunque esta vez la mano que se posara sobre usted no fuera la habitual, ahora algunas cosas eran más claras, definitivamente no había lugar preciso para usted, porque estaba incorporada en mí, éramos un todo divisible.