Para usted nunca hubo lugar, no había precisión en lo que
sentía ni certezas ante lo que llamaría vida. Todo era tan incierto que no fue necesario
detenerse a pensarlo, era la causalidad de usted pensarlo y yo atreverme a
preguntar por lo que no sabía. Es en ese preciso momento donde nos encontramos
como historias dispersas para escribir sobre una misma página. Ahora venían las
dudas disparando a los órganos vitales, ambos fuimos heridos pero alguien debía
huir de la balacera, mientras el otro cuerpo inmóvil se desangraba con la
convicción de vivir sin miedo. Cuánto corrí, aún no lo sé, me imagino que no se
podría contabilizar en kilómetros, sino en la distancia ocasionada por la unión
de nuestras lágrimas que deshidrataron nuestras almas y alimentó el silencio.
El tiempo ha pasado llevándome como pasajero furtivo, decido detenerme y su
cuerpo sigue inmóvil, de pie, mirando hacia el mismo punto, decido acercarme
para tocar suavemente su espalda y sentir la calidez de su vitalidad
queriéndome nuevamente, mi brazo estirado quiso reposar la mano sobre su figura
esbelta pero pasó de largo, ya no estaba presente, usted decidió seguir con la
misma convicción de vivir sin miedo, aunque esta vez la mano que se posara
sobre usted no fuera la habitual, ahora algunas cosas eran más claras,
definitivamente no había lugar preciso para usted, porque estaba incorporada en
mí, éramos un todo divisible.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario