Era diciembre, recuerdo la muerte de una perra. Era diciembre porque ella odiaba ese mes, le sabía a distancia con majar blanco. También hubo un hombre, lloraba encima de la tierra que cubrió la perra muerta, fue un llanto de borrachera y no de tristeza, quise ubicarme delante del hombre y bofetiar su rostro mojado cubierto de arena, no lo hice, me quedé sentado con la mirada atenta a ella, trataba de adivinar mis palabras al ver esa postal decembrina. Ya éramos dos muertos, la perra y yo, sostenía mi cadáver semana a semana, una buena fragancia para despistar el hedor, y si aún no me he enterrado ¿Qué busco? Tal vez un sentimiento de añoranza a que siga vivo, un apego calavero, lagrimas para resucitados. Volví al presente y sigo sentado con la misma postura, ahora soy yo quien ve retirarse a los asistentes, a la distancia figuras borrosas que sostuvieron el ataúd, otros cercanos bajan la mirada y evitan sentirse involucrados en mi perecer. Era diciembre, nunca dejó de serlo, seguimos siendo dos muertos, una bajo tierra y otro con pala en mano, is Time/Breathe (in the air).
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