miércoles, 15 de noviembre de 2017

YERMO





No hay horario especial para sentir la penumbra envolver tu cuerpo, sin embargo, la madrugada tiene una ligera condición, agrega silencio a tu pensamiento, te das cuenta de que cada sentido se agudiza, los recuerdos vienen en carrozas como prologado festival nariñense. Repetidos cuestionamientos se van acumulando en tu frente esperando el momento exacto y estallar, tomas asiento y suena el primer Riff de la noche. El cuerpo está tenso, ahora le das paso a la paranoia, sudoración excesiva, temblores casi convulsivos, dilatación de las pupilas, depresión, ganas de llamar a alguien y la necesidad de renunciar a todo. Por momentos eres consciente de la inmovilidad corporal, la mirada sigue fija en el techo, en la lámpara incandescente. Parpadear dos veces seguidas y reincorporarse lentamente, no hay tiempo perdido, fue como soñar despierto, nada tiene sentido y la caverna sigue rebosada de situaciones sin resolver. Lo has repetido centenares de veces, la confusión en algún punto es cristalina, tanto que ahora puedes concluir la inexistencia de una sustancia psicoactiva más fuerte y letal que la soledad. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario