Inicia el camino y lo vemos
enlodado, si nos acercamos a la orilla no hay forma de huir, nos acompaña un
abismo de incertidumbres y situaciones complejas que hacen gala de no ser
resueltas. El cansancio pesa cada vez más y la esperanza no se ve en el futuro,
se ha transformado en pasado como un recuerdo que nos colmó el alma y hoy se
desvanece en las caminatas de pasillo. Allí tenemos un primer reto, levantarnos
una vez más, contagiarnos de vitalidad y encontrarnos en un camino común, en
desaprender por un momento lo que hemos hecho y posibilitar ver de adentro
hacia afuera y anhelar el cambio en colectivo; es posible que éste nuevo
escenario no nos permita notar la diferencia, fecundar de nuevo el pesimismo
como si fuera la única pareja disponible para ir al baile, pero no lo es, ahora
somos más. Una mano se estira desde la calle para que la dejen entrar, una
estudiante que no se va a sentir intimidada por sus compañeros, el
reconocimiento del trabajo que toma años en saber hacer, las voces jóvenes que
se suman desde la construcción para sentir que es posible. Las paredes no
tienen color, el asfalto está desgastado y el columpio ya no transporta risas.
Ahora llega el alba y siempre estamos de pie, deja que la montaña te hable con
su brisa, vuélvete palabra y aprendizaje, guarda silencio y escucha las voces
pequeñas, los pasos de gigantes que inician su camino, esos que verás convertir
en vuelo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario