lunes, 13 de noviembre de 2017

SEMBRAR




Inicia el camino y lo vemos enlodado, si nos acercamos a la orilla no hay forma de huir, nos acompaña un abismo de incertidumbres y situaciones complejas que hacen gala de no ser resueltas. El cansancio pesa cada vez más y la esperanza no se ve en el futuro, se ha transformado en pasado como un recuerdo que nos colmó el alma y hoy se desvanece en las caminatas de pasillo. Allí tenemos un primer reto, levantarnos una vez más, contagiarnos de vitalidad y encontrarnos en un camino común, en desaprender por un momento lo que hemos hecho y posibilitar ver de adentro hacia afuera y anhelar el cambio en colectivo; es posible que éste nuevo escenario no nos permita notar la diferencia, fecundar de nuevo el pesimismo como si fuera la única pareja disponible para ir al baile, pero no lo es, ahora somos más. Una mano se estira desde la calle para que la dejen entrar, una estudiante que no se va a sentir intimidada por sus compañeros, el reconocimiento del trabajo que toma años en saber hacer, las voces jóvenes que se suman desde la construcción para sentir que es posible. Las paredes no tienen color, el asfalto está desgastado y el columpio ya no transporta risas. Ahora llega el alba y siempre estamos de pie, deja que la montaña te hable con su brisa, vuélvete palabra y aprendizaje, guarda silencio y escucha las voces pequeñas, los pasos de gigantes que inician su camino, esos que verás convertir en vuelo.

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