sábado, 5 de enero de 2019

REPRESA DE PALILLOS









Tres de la mañana, descalzo, algo que no es costumbre y recuerdo lo sucedido en los últimos meses, la incomodidad de sentir el frío de las baldosas, de tener que buscar un paño para limpiar ambos pies antes de subirlos a la cama e intentar dormitar; ninguna de las anteriores pudo convencerme de la incapacidad para dar pasos desnudos, de reconocer cada rincón del espacio que habito, de aquellos donde mis huellas puedan encontrar refugio que ya siendo las cuatro de la madrugada aún siguen sin poder procesar el empalago de vivir. Salir a la calle para ver cómo el mundo se sostiene de un delgado hilo, de ideas machacadas, más bien incrustadas por un grupo de individuos, escultores, labriegos convencidos y convencidas del camino correcto para patinar en este lodazal, despuntando al futuro con su presente ciego, limitado y hasta extenuado que hoy se prolonga hacia mis pies fríos todavía sin subir a la cama. Sentir la desnudez una vez más descubrió en mí lo poco idóneo de mi ser ante el cúmulo de expectativas, necesidades y pruebas de un mundo grotesco, ya resuelto ante los ojos pero al fin y al cabo inacabado, de allí podría iniciar, inacabado era la palabra necesaria para descifrar un destello ante la nubosidad. Ya en la cama de nuevo, había un éxtasis que no posibilitaba el sueño, rondaba mi cabeza en forma de pregunta que se respondía sola ¿Cómo se contiene al mundo en la cabeza sino es con el amor? Cualquier otra alternativa será ubicarse delante de una represa construida con palillos.  

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