Le escribo a tu ausencia, ahora
física, antes sigilosa, siempre onírica. Te sentimos cadáver, frío, incuestionable
como la sombra, un paso por la ventana hacia el exterior e iniciaba un nuevo
camino. Saltos para regresar, buscar donde te buscan para la caricia, el
arrullo infinito de las manos cálidas. A ella, regresar a ella, siempre fue
común para ambos, fuimos cómplices pasajeros detonando bombas de añoranza por
toda la casa. Hablemos del insomnio, sentir el sueño cautivo, bifurcado de
nuestros cuerpos como a quien no le corresponde, ante ello la madrugada llama
para convertirnos en trashumantes ¡silencio Orejas! Ahora contamos el plan,
porque perderse en la noche es encontrar asilo, ellos duermen y no lo entienden,
pertenecemos a la penumbra donde las formas no tienen forma, donde al camino se
le pierde el final, y eso lo ha decidido tu cola, dejar en consonancia la
imborrable sensación que asoma entre los matorrales, la sombra sobre el mueble,
un ronroneo bajo la cama ahora mudez eterna. Volver a ti como palabra,
desvanecer la sensación de pertenencia, una casa no basta, vuelve la noche y ya
es hora de liberar tu alma felina para que recorra el mundo, Adiós.
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