Bienvenidas mujeres a este mundo, donde lo esperado es el pasaboca de cada día, donde te amarran al hogar y te adornan con faldas, tacones, planchas y dietas; no deben pedir más, este es su presente, y no moldeen su futuro porque ya es inexistente. Bienvenidas mujeres con el vientre plano, las caderas ensanchadas, piernas tonificadas y con el jugueteo hormonal de sus cuerpos, con la necesidad de encubar 1, 2, 3 y sí es posible 10 seres que viven y comen de ustedes durante 9 meses, siendo o no la mejor de las peores decisiones, recibiendo así congratulaciones y baberos. Y no sean bienvenidas quienes dicen ser mujeres y logran hablar más fuerte que nosotras, aquellas que prefieren coquetear y reinventar las historias, quienes se sexualizan a sí mismas sin demandar de nuestras manos, o deciden y planifican cuantos significados darán a sus vientres cuando mes a mes crecen células que se transfiguraran en la desazón de no saber cómo ser madres, pero lo averiguarán. ¡No! Ellas no son mujeres, son la creación de Eva fugitiva a la naturaleza de la maternidad, al instinto de amar, al NO perpetuo que ancestralmente silenciaron, ustedes no deberían llamarse mujeres, debería esconderse de ustedes mismas, porque no seremos nosotras quienes irónicamente desistiremos de ustedes, pero sí las llamaremos izquierdistas, revolucionarias, contestatarias, pecadoras inmaculadas, herejes, brujas, lesbianas, feministas, locas e impuras. Serán la cuota de sacrificio por comer del fruto prohibido, para luego ser recordadas como visionarias y aparecer en escritos de género, un capítulo más en la existencia del ser humano y de quienes se encargan de reproducirlo.
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