No comprendía lo que querían
decir las luces traseras de los autos, esas pequeñas luces rojas alborotadas
por toda la ciudad. Por un momento pensé que eran los ojos de cientos de
demonios que me acechaban, tal vez no les gustó que me riera de su jefe, de la
muerte o de no donar sangre. El taxi en el que viajaba me servía de refugio,
pero el taxímetro cambió sus luces verdes claras por una rojas intensas, de
inmediato sentí como el trasero me sudaba desconsoladamente. El alcohol
consumido no sirvió ni para tener más coraje, estaba cagado del miedo. El sudor
pasó de estar sólo en mis nalgas, se desparramaba por mi frente, entre mis
dedos, creo que se puso hasta espeso. Ya no se trataba sólo del miedo o el
sudor. Al querer hablarle al conductor del taxi, no hubo reacción alguna de
este, será que había perdido el habla, el sonido, tal vez era sordo, todo era
confusión con granos de angustia y gotitas de desespero. Miré de nuevo hacia el
frente y los semáforos sólo destallaban una luz blanca y otra negra, y por
encima de estos una neblina amarillenta, que parecía emanada de la boca de un
ebrio, no me permitía divisar absolutamente nada. Por un momento me traicioné,
cerré los ojos y busqué en mi interior ese espacio de tranquilidad o de paz que
promete Coelho a sus lectores, pero no duró ni 5 segundos, y abrí de nuevo los
ojos con tanta brusquedad y ligereza que estuvieron a punto de salirse. Al
menos cayeron dos pestañas y supe que la
gravedad aún ejercía su profesión. Fue cuestión de tiempo y todo recobró su
color, su sonido y su olor. El viaje lo clausuraron una placa con una dirección,
los números del taxímetro de color verde claro, que formaban un 186. El taxista
obturó un botón y apareció el costo del viaje, me rebusqué los billetes en los
bolsillos como pude y se los pasé al señor canoso, que nunca me miró ni puso
canción alguna. Pie izquierdo al suelo y luego el derecho, ya parado al frente
de la puerta quise volver a viajar en aquel taxi, pero recordé lo violentas que
se pusieron las luces y mejor busqué la oscuridad de un cuarto.

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