No me robe el sueño, dijo hacia
el rostro que lo miraba con desesperanza, mientras bajaba su voz y pronunciaba,
no me dejes, por cuarta vez. Era un simplista de los clásicos, de esos que aman
sin aranceles, un extraño tipo de persona, si era lamido no causaría el menor
impacto, su personalidad y su cuerpo eran inodoras e incoloras. Según la lógica
eso es una doble negación, lo cual lleva a una afirmación, por lo tanto, eso es
un déjeme, pero se jodió porque con mis silencios y mi odio transitorio y demás,
no lo voy a hacer. Eso es de lo más básico, negativo más negativo da positivo, prendió
su cigarrillo, inhaló unas cinco veces de el tan rápido como pudo, le expulsó
el humo en el rostro y el hombre se convirtió en un niño desconsolado.
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