Tan sólo pienso en planicie, los
colores han perdido cualquier característica de vida, se han transformado en
una paleta de grises. Cada paisaje me oculta sus mesetas, me niega el azul de
la tapa de la realidad, creo que esa es mi expiación por mutilar mi imaginación,
camino inanimado, mirada de destierro y para hablar utilizo el método de
cualquier etiqueta comercia,l porque el vocabulario se me redujo a 100 palabras.
Parpadeo para demostrar que sigo vivo, aunque basta con moverlas para aniquilar
unas cuantas pestañas; el aire entra y sale como se infla y desinfla un globo,
la esencia quedó en una botella arrojada en la inmensidad de Mozambique o
Malpelo, en uno de aquellos vuelos mentales en los que la luna me cegaba y me
desnudaba la conciencia. Me dediqué a recorrer los sitios oscuros, solitarios y grotescos, hospedaje de
los y las olvidadas, de los sin nombre, me
acomodé entre el mugre para revindicar lo que nunca tuve, entre tanta comodidad
el miedo se jubiló para no atenderme, dejándole a la muerte una advertencia, no
vale la pena ni siquiera visitarlo.
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