martes, 21 de mayo de 2013

MENTECATO






Deseaba no levantarme cada mañana, alargaba los sueños diariamente hasta donde la caricia de mi madre irrumpía para iniciar la rutina matutina de ir a la escuela. Cada fin de semana insistía en quedarme dentro de casa, no aceptaba invitaciones a parques, cumpleaños o comidas domingueras; mis amigos de barrio pensaron que me había tomado muy en serio lo de jugar al escondite, algunos rumoreaban que el monstruo que vivía  debajo de todas las camas de los niños y niñas me tenía secuestrado. Las vecinas preguntaban constantemente por mí ausencia en sus árboles de cacao y mamoncillo, y el perro de Nicolás dejó de menear la cola de tanta espera.  Mi oso Anselmo se ha convertido en mi cómplice, el único que a duras penas encuentra explicación para tanto silencio e infelicidad, juntos ante el primer gran obstáculo de mi vida, amarrarme bien los zapatos.

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