sábado, 18 de mayo de 2013

PSIDIUM ARACA




Asomó la mañana con cara gris y con la intensión de llorar, la ignoré cerrando la ventana. Paso a paso hacia el cuarto donde la somnolencia se asesina con una descarga de agua torpe y fría; divisé su cuerpo desnudo en la cama, me daba la espalda como si se tratara de una venganza natural. Dos almas y una sola desgracia, sostuve mi cabeza para que no provocara mi enterrada en el piso, lentamente me senté en un sofá, café y maltrecho, que albergaba el molde de por lo menos unas 40 nalgas diferentes, pertenecientes a dos generaciones inservibles. Una vez más la vi escurrida entre las sabanas trasnochadas, miré la hora para darle vida al tiempo y recordar que vivía un día más y uno menos a la vez, expulsé lentamente el aire que contenía en los pulmones y respiré hondamente para robarle algo a la vida, me sentí inmortal por unos segundos, y al oír caer la primera gota de lluvia sobre el tejado, la mortalidad me lamió la parte trasera del cuello y se extendió hasta la mitad de mi espalda, en ella sentí como escribió suavemente, 8524 días.

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