Asomó la mañana con cara gris y con la intensión de llorar,
la ignoré cerrando la ventana. Paso a paso hacia el cuarto donde la somnolencia
se asesina con una descarga de agua torpe y fría; divisé su cuerpo desnudo en
la cama, me daba la espalda como si se tratara de una venganza natural.
Dos almas y una sola desgracia, sostuve mi cabeza para que no provocara mi
enterrada en el piso, lentamente me senté en un sofá, café y maltrecho, que
albergaba el molde de por lo menos unas 40 nalgas diferentes, pertenecientes a
dos generaciones inservibles. Una vez más la vi escurrida entre las sabanas
trasnochadas, miré la hora para darle vida al tiempo y recordar que vivía un
día más y uno menos a la vez, expulsé lentamente el aire que contenía en los
pulmones y respiré hondamente para robarle algo a la vida, me sentí inmortal
por unos segundos, y al oír caer la primera gota de lluvia sobre el tejado, la
mortalidad me lamió la parte trasera del cuello y se extendió hasta la
mitad de mi espalda, en ella sentí como escribió suavemente, 8524 días.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario