martes, 17 de septiembre de 2013

PLEITESÍA


                  

Las migajas de su mirada expresaban éxtasis color ranita del pacifico, apretaba su labio inferior con sus dientes, provocando la aceleración del movimiento en la cadera; enterraba sus uñas con desespero, marcando un cuerpo que nunca le pertenecería. Apretó fuertemente con sus piernas para robarle la respiración, con sus manos obligó el movimiento de una cabeza, acercándola a su boca para susurrarle al oído ajeno, mientras mordía al mismo tiempo la parte más blanda de esta,  deme más, deme más, lo repitió exponencialmente hasta morderse de nuevo el labio inferior con más fuerza. Lanzó un manotazo a las costillas de su adversario, imitando el sonido de una marimba salvaje. Hubo un silencio crudo, una pausa mortuoria, el crujido de una tabla reactivó el hedonismo, los cuerpos sudaron más que antes, y la batalla por su duración y algarabía sería recordada en la Merced como el día  de los desconocidos. 

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