Deseo
cosas diariamente, un olor particular, una situación ideal, una conversación
inesperada, encontrarme un billete en el piso mientras camino, cualquier cosa
que le ponga zancadilla a la monotonía. Somos ilusiones con sabor a mango
biche, un tumulto de inconsistencias que la gente colecciona para tener
reproches calientitos a la hora de la cena. Querer perderse debería ser
suficiente, pero a cambio de ello sigo mirándola a usted sin tenerla enfrente.
Ahora el deseo tiene nombre, tiene rostro, cabello largo y oscuro; ahora la
incertidumbre sonríe mientras baja la cabeza, y aprieto una mano más pequeña para
cruzar la calle, así es como aflojando dedo por dedo volvemos al deseo.
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