martes, 5 de noviembre de 2013

EN OTRA MUJER






Él no se avergonzó por haber invadido nueve meses a esa mujer, se acomodó y adaptó a un mundo acuático, pero innecesariamente ella lo expulsó, lo negó y arrancó de sí ¿Cuánto dolor vivieron?, por el malestar de desinflarse como madre y expandir el diafragma como hijo, siendo esta la bienvenida a la existencia. Hoy se celebra el dolor inmutable de dos seres; ahora, ella se encuentra sonriendo por el pasar del tiempo y recuerda un segundo dolor causado por otro y en otro. Él maldice su existencia rutinaria en la ambivalencia de amar a quien dolorosamente lo expulsó, siendo este la mayor benevolencia de lo natural. Le dicen cada año “bienvenido”, entonces él le sonríe al mimetismo anual de lo social y vuelve a comenzar, no como ser natural o prolongación de otro, sino como el ser deseoso de recordar el placer del agua como territorio propio e inmediato, y la levitación colonizada en otra mujer. 

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