domingo, 17 de noviembre de 2013

NONADAS





Una mesa larga, de madera prehistórica rayada por la mediocridad de las masas, el desparpajo de intelectuales y quedados. Ahí estábamos cuatro lápices desapacibles, imperfectos, y caprichosos; de izquierda a derecha los describiré para que no quepa duda de su diferencia aunque su madera y mina sirvan para lo mismo. Al extremo izquierdo de la mesa se encuentra la primera de la cuenta, la cual no milita en ese pensamiento “desafiante”, debe su tronco blanco al maguey del que salió, su borrador suave, desaparece con serenidad cuanta barbaridad se escribe; preguntona indómita de caligrafía fresca. El siguiente lápiz está hecho de bambú, sinónima de somnolencia, de borrador grande para no dejar de recordar que su inteligencia no le cabe en la base, lápiz de mina gruesa y con escritura dispareja. El tercer lápiz se distingue por su color oscuro, el palo de sangre que le dio forma a su cintura también lo hizo con su mina y borrador rojo, los cuales utiliza para eliminar las dudas e incertidumbres, prediciendo con encanto y espontaneidad la línea de vida de quien le empuña. Por último está el lápiz gris, su madera fue extraída de un árbol muerto, su mina es gruesa, de trazos controvertidos e imprudentes, gestor de rabietas y borrador de esperanzas. Lápices innecesarios, de madera transitoria, cuatro creadores esperando su devenir, sacapuntas.

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