Me gusta el medio, la mitad del problema, produciendo la sensación rutinaria de comodidad. Distraigo la mirada ajena con mi movimiento, con la voluptuosidad de la carne. Soy la tentación del ocioso y el anhelo del mojigato; represento la ternura, la curva de la locura, hasta la planicie de quien ama lo magro. Tócame con sutileza, lame mi textura para que tus papilas no me olviden; castígame con la mano que aprietas o introduces en tu intimidad. Ya sé que me piensas en las noches, deja de planear tu acercamiento, no admito estrategias insulsas, sólo descúbreme como caminado por el lado oscuro de la luna, Guapo.
sábado, 29 de marzo de 2014
INDEBIDA
Paseó su cuerpo por la casa, sacudió el vestido rosado dando ligeros giros con el ánimo de caer mareada sobre su sapo de peluche. Creía que chupando su pulgar recuperaba la quietud del mundo, se levantó después de unos minutos borrachines; lo hizo rápidamente y el vestido se abombó por el aire, dejando ver las caricaturas que le tapaban el deseo durmiente. La mamá que estaba a unos metros conversando con un par de amigas en la sala, cortó la conversación y se acercó con los brazos rígidos como bates de béisbol, la agarró de su suave brazo y mirándola con los ojos color a condena seguidamente le dijo, no lo muestre todo mija que él indicado ya vendrá. Ese día murió su libertad sexual.
miércoles, 19 de marzo de 2014
LA RECOGIDA
Hablábamos de la novia de Chucho,
Daniela era la más linda del colegio. Su falda agudizaba nuestra precocidad, la
risa inundaba la esquina de la sexta con catorce, Recuerdo que Tulio llevaba
como cuatro años con el pelo largo, a veces pasaba en cicla, le silbábamos y le
gritábamos piropos para hacerlo enojar. Rigo andaba todo el tiempo vestido de
negro, ni el sofocante sol de Julio le hacían dejar su oscuridad en casa, decía
que reflejaba su alma. Yo era la güeva del parche, el amigo femenino, él de la
mamá que cocina rico y quien hacia las tareas para dar copia. Ese día los
perros de la cuadra no ladraron, el viento estaba pesado, como si nos enviara
una mala señal, pero la esquina nos acogió de la misma forma. Ocho nalgas en
mueble de cemento, no había tema de conversa, aún así la casa no era una opción
para pasar el resto del día. Escuchamos el freno en seco de un camión blanco de
la marca Isuzu, con una cubierta negra que no dejaba ver lo que transportaba. Mirábamos
atentamente el camión, mientras unas
suelas negras tocaban tierra, asomaron siete hombres vestidos de verde bosque
abandonado, con fusiles silenciosos en las manos. Tres putiadas a cada uno,
recostados a la pared con los pies separados involuntariamente, mientras una
mano hacía lo que algún día soñé que me haría Daniela. Sólo escuchamos tres órdenes,
dígame su nombre, dígame su edad, ¿Tiene
libreta militar? No eran simples imperativos, eran los motivos para hoy estar
lejos de la madre que cocina rico, la falda de mis sueños y la esquina huérfana.
Sostengo entre mis manos un ejecutador negro, mi estilo se volvió la calvicie
preferida del zancudo y una hombría impuesta desde las cinco de la mañana. Soy
nación, soy olvido, soy la cuota de una recogida; uniformado color soberanía.
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