sábado, 29 de marzo de 2014

INDEBIDA


Paseó su cuerpo por la casa, sacudió el vestido rosado dando ligeros giros con el ánimo de caer mareada sobre su sapo de peluche. Creía que chupando su pulgar recuperaba la quietud del mundo, se levantó después de unos minutos borrachines; lo hizo rápidamente y el vestido se abombó por el aire, dejando ver las caricaturas que le tapaban el deseo durmiente. La mamá que estaba a unos metros conversando con un par de amigas en la sala, cortó la conversación y se acercó con los brazos rígidos como bates de béisbol, la agarró de su suave brazo y mirándola con los ojos color a condena seguidamente le dijo, no lo muestre todo mija que él indicado ya vendrá. Ese día murió su libertad sexual.

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