Cuando terminó de contar su
historia todos esperaban con las copas en las manos. Entonces él se puso de pie
y luego de mirar sus caras levantó la suya, y dijo:
-
Había una campesina llamada Nadia y una tarde cavando un foso golpeó algo
con su herramienta, y en ese momento, ¡oh! Vio que se trataba de un señor
feudal sepultado en aquel lugar. Con el golpe de Nadia, el señor feudal despertó
y salió de allí, sonrió de júbilo, se miró las vestiduras deshechas, levantó la
vista, la miró alborozado y le dijo:
- Tú me has devuelto la vida. Tú
me has sacado de la tierra y me has hecho florecer de nuevo. Pídeme tres deseos
y yo los cumpliré.
Ø Nadia
pensó. Y pensó. Y pensó, y finalmente le dijo:
Ø Mi
primer deseo es que me des gozo.
-
El señor feudal la abrazó y… Bueno, allí mismo la hizo feliz. Muy feliz.
- Te quedan dos deseos por satisfacer –le dijo
luego.
Ø Ella
volvió a pensarlo y por fin habló:
Ø Quiero
que me hagas gozar nuevamente. –Y el señor feudal la hizo feliz por segunda
vez.
Terminaron, y cuando terminaron,
le recordó:
-
Te queda sólo un deseo.
Ø Esta
vez ella no lo pensó:
Ø Hazme
gozar otra vez.
Y él la hizo gozar una vez más,
pero después de ese tercer arrebato, el señor feudal volvió a la muerte.
Los que escuchaban se pusieron de
pie, levantaron los vasos y el patólogo dijo:
- ¡Bebamos por Nadiashka que nos
salvó del feudalismo!
CANDELARIA – GERMÁN CASTRO
CAYCEDO