jueves, 8 de enero de 2015

CANDELARIA



Cuando terminó de contar su historia todos esperaban con las copas en las manos. Entonces él se puso de pie y luego de mirar sus caras levantó la suya, y dijo:
-  Había una campesina llamada Nadia y una tarde cavando un foso golpeó algo con su herramienta, y en ese momento, ¡oh! Vio que se trataba de un señor feudal sepultado en aquel lugar. Con el golpe de Nadia, el señor feudal despertó y salió de allí, sonrió de júbilo, se miró las vestiduras deshechas, levantó la vista, la miró alborozado y le dijo:
- Tú me has devuelto la vida. Tú me has sacado de la tierra y me has hecho florecer de nuevo. Pídeme tres deseos y yo los cumpliré.
Ø  Nadia pensó. Y pensó. Y pensó, y finalmente le dijo:
Ø  Mi primer deseo es que me des gozo.
-  El señor feudal la abrazó y… Bueno, allí mismo la hizo feliz. Muy feliz.
-  Te quedan dos deseos por satisfacer –le dijo luego.
Ø  Ella volvió a pensarlo y por fin habló:
Ø  Quiero que me hagas gozar nuevamente. –Y el señor feudal la hizo feliz por segunda vez.
Terminaron, y cuando terminaron, le recordó:
-  Te queda sólo un deseo.
Ø  Esta vez ella no lo pensó:
Ø  Hazme gozar otra vez.
Y él la hizo gozar una vez más, pero después de ese tercer arrebato, el señor feudal volvió a la muerte.
Los que escuchaban se pusieron de pie, levantaron los vasos y el patólogo dijo:
- ¡Bebamos por Nadiashka que nos salvó del feudalismo!

CANDELARIA – GERMÁN CASTRO CAYCEDO 

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