Era gigante de nacimiento, una
verdadera revelación de la vida, una bendición sin religión, un bebé llorando
por leche materna que nunca llegó. El abandono fue mi apoyo, la palmada en la
espalda que no me dejaba morir, dormía para soñar con límpido y diluir cada
noche fría, todos los andenes que tuve por cama y las veces que miré como perro
callejero un restaurante. Miré el reloj con asombro para saber cuánto tiempo
había pasado desde mi nacimiento, no vi números, caí en la cuenta. Hoy es
jueves de nostalgia, un jueves que sabe a babas, un día que da paso al
libertinaje de los mediocres; vos y yo nos perdimos la Cali nocturna, la Cali
sin POT, la Cali de Jovita y sus parceros. Nos tocó un mundo que no merecemos,
garabatos sobre la colina, cerveza sudando en el atardecer y el deseo de otros
convertido en ciudad.
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