Eran las mismas presencias, semiredondas
y cuadradas a la vez. Uno compartió su vida con la vida misma como par, gozaba
de la música y las representaciones visuales que daban cuenta del horror
humano, como quien decide extraer vidas en un acto tan simple o magnifico,
igual que ver un río con su caudal. Vivía enamorado de aquellas personas que
con su aliento le inflaban y le estallaba la monotonía. El otro evitaba la
profundidad del abismo que es vivir, merodeaba socialmente sin fin alguno;
amaba con intensidad para arrebatar con egoísmo lo que había entregado.
Sentados en la misma posición de la semana anterior, mirando a su alrededor con
insignificancia llegó el momento, luego de largos años el más joven iniciaría
el bombardeo.
- Nos hemos dejado amar mucho, ya
no pensamos y sentimos el amor con el cegamiento requerido, comenzamos a ser
inmunes, vivientes en realidad, buscando en la oscuridad lo que el día no nos
permite crear ¿Qué hacemos?
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