lunes, 25 de febrero de 2013

INSINUACIÓN




Quién dijo que somos algo, somos la división que termina en cero. Cero minúsculo, abierto y cerrado, círculo insignificante, metedero de los que se sientan a la izquierda. Métanme debajo de una roca, necesito la compañía de un cien pies, por lo menos escucharé cien veces sus pasos, cien veces que se va, cien veces que llegó. Sácame con encomios, pero apenas me veas sonreír saque la palmada y devuélvame a la realidad. Salto atrás pero mirando hacia adelante, sólo para darme cuenta de que retrocediendo se sigue viendo el horizonte, una línea fina que nunca se alcanza, no es un secreto, recuerde que hace poco tan sólo te movías dentro de otro humano y tu conexión con lo que no debiste conocer, era un cordón que luego en manos de un especialista determinaría el aspecto de nuestro ombligo, bonita gracia, recién nacidos y ya manoseados.

¿Sigues creyendo en la pureza?  

viernes, 8 de febrero de 2013

PIRINOLA




No recuerdo a ninguna mujer por sus rasgos físicos o momentos venerables, me dedico a resumirlas en imágenes indecentes y frases corrientes, para no perder su presencia en la exaltación ni tampoco desvanecerlas en nimiedades. Anastasia, pulcra impertinente; Julia, cachorrita insolente; Martina, bullita sonriente; Virginia, olvido sensual e incoherente; Fernanda, lenguaraz taciturna; Sofía, iceberg perdido; Laura, fortuna solitaria; Tina, decisión unánime; Carolina, discurso retorcido; Leticia, figurita de circo; Valentina, sueño diurno; Pilar, tristeza con helado; Claudia, nube de masmelo; Rebeca, letargos enanos; Sari, pecado insoportable; Tati, colorín colorado y Ximena, engaño mediático. La prolongación de la lista no es más que la explicación redundante de mi personalidad, cada adición mata una célula, descompone un tejido, me tumba diez cabellos, me llorosean los ojos, me rifan el alma, se me despigmenta la piel, aumentan las probabilidades de un ataque cardiaco, pierdo intelecto y se me chupan la imaginación; quien iba a creer que el tiempo de las armas biológicas no corresponde a la actualidad.

LA ESQUINA DE LAS PALOMAS CAÍDAS





Canas pervertidas, ojos con catarata, cejas pobladas y enroscadas por la terquedad; un manojo de arrugas que evidencian historias a medio contar, alimentadas por centenares de noches en donde el desquite verbal disimula lo que yace muerto entre los pantalones. Quedan seis palomas de las nueve que adornaban la esquina de la carrera quinta con treinta y cuatro, dos son gordas, meticulosas y embusteras, sentadas en sus sillas mecedoras se deleitaban contando como dos mil mujeres secaron sus reservas viriles, dejándolos únicamente habilitados para orinar. La más joven se dedicaba a reírse de los chistes coloridos de sus compañeros de muerte, toda su vida había carecido de contacto consigo mismo, al punto de que nunca supo qué era la intimidad. La siguiente era reconocida por ser elocuente, elegante y esquizofrénica, triple E estallaba en conversaciones prolongadas y deslumbrantes, las demás palomas se quedaban inmóviles por sus palabras convincentes, pero alguna rompía la trama con un comentario o acto soez, triple E nunca se atrevió a llevarle la contraria a su hemisferio cerebral científico y durmió su sexo en la más profunda de las latencias. La penúltima era veterana de guerra, le entregó a su patria veintiocho  cabezas salvajes y comunistas, ocho laboratorios de cocaína destruidos, dos civiles rescatados y quince compañeros muertos en combate; faltándole unos meses para su retiro, ya a los 45 años, una mina lo privó de su pierna derecha y  del mazo que pensaba utilizar con más frecuencia, ya que  las serpientes, los pájaros y algunos cuadrúpedos no eran parte de sus gustos carnales. A la sexta paloma no le faltaba la voluntad, tenías todas sus extremidades, los dos hemisferios Vivían en armonía, pero desde que nació, una rara enfermedad afectó su capacidad de endurecer su masculinidad, su vida entera la pasó ocupándose en pequeñas actividades, en las que posaba el olvido de su desgracia, ya iban 13 años de sesiones nocturnas, en las que el aceite caliente fritaba diferentes aperitivos para que las ulceras no se expanda en esas barrigas escurridas y alimentara las palomas caídas y sus descabelladas existencias.

lunes, 4 de febrero de 2013

ESPERANZA





Lo único que irrumpía la serenidad de la noche era la comunicación de los cuervos, su presencia oscura se confundía con los ojos de Esperanza. Mujer esbelta, con los cabellos fúnebres que besan su cintura, el cual tinturó de rojo encendido para darle más color a su delicada portada y un par de ojeras tono ceniza como sombras permanentes de sus ojos. Esperanza se contradecía no más con pronunciar su nombre al presentarse a la humanidad, su sonrisa enmarcaba la solemnidad de la pasión, el pestañeo anunciaba el peligro de sus labios, que luego ratifica con todo su cuerpo al congeniar con un calor ajeno. Los hombres cobardes, mujeriegos, decentes, controladores, religiosos, incrédulos, pedantes, y aquellos que ni caben dentro de una categoría se descalcificaban siguiéndole el rastro a su cintura; cada uno de ellos coincidía en dos cosas, la primera era perder la noción de vivir y la segunda consistía en morir de infinitas formas a las 10:50 de la noche, cada jueves en el mismo cuarto, ante el mismo cuerpo que los ve escurrir la sangría de la existencia. Esperanza cree en los latidos de los corazones en su mano, en la pureza de los rostros pálidos y la suavidad de las manos adornadas de venas obsoletas, y sin ningún secreto que albergar. La pila de cuerpos le daba el calor que necesita para sus sueños, en los que planea el siguiente derroche de tripas, vertebras y sonidos salvajes.