No recuerdo a ninguna mujer por
sus rasgos físicos o momentos venerables, me dedico a resumirlas en imágenes
indecentes y frases corrientes, para no perder su presencia en la exaltación ni
tampoco desvanecerlas en nimiedades. Anastasia, pulcra impertinente; Julia,
cachorrita insolente; Martina, bullita sonriente; Virginia, olvido sensual e
incoherente; Fernanda, lenguaraz taciturna; Sofía, iceberg perdido; Laura,
fortuna solitaria; Tina, decisión unánime; Carolina, discurso retorcido;
Leticia, figurita de circo; Valentina, sueño diurno; Pilar, tristeza con
helado; Claudia, nube de masmelo; Rebeca, letargos enanos; Sari, pecado
insoportable; Tati, colorín colorado y Ximena, engaño mediático. La
prolongación de la lista no es más que la explicación redundante de mi personalidad,
cada adición mata una célula, descompone un tejido, me tumba diez cabellos, me
llorosean los ojos, me rifan el alma, se me despigmenta la piel, aumentan las
probabilidades de un ataque cardiaco, pierdo intelecto y se me chupan la
imaginación; quien iba a creer que el tiempo de las armas biológicas no
corresponde a la actualidad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario