Canas pervertidas, ojos con
catarata, cejas pobladas y enroscadas por la terquedad; un manojo de arrugas
que evidencian historias a medio contar, alimentadas por centenares de noches en
donde el desquite verbal disimula lo que yace muerto entre los pantalones. Quedan
seis palomas de las nueve que adornaban la esquina de la carrera quinta con
treinta y cuatro, dos son gordas, meticulosas y embusteras, sentadas en sus
sillas mecedoras se deleitaban contando como dos mil mujeres secaron sus
reservas viriles, dejándolos únicamente habilitados para orinar. La más joven
se dedicaba a reírse de los chistes coloridos de sus compañeros de muerte, toda
su vida había carecido de contacto consigo mismo, al punto de que nunca supo
qué era la intimidad. La siguiente era reconocida por ser elocuente, elegante y
esquizofrénica, triple E estallaba en conversaciones prolongadas y
deslumbrantes, las demás palomas se quedaban inmóviles por sus palabras
convincentes, pero alguna rompía la trama con un comentario o acto soez, triple
E nunca se atrevió a llevarle la contraria a su hemisferio cerebral científico
y durmió su sexo en la más profunda de las latencias. La penúltima era veterana
de guerra, le entregó a su patria veintiocho
cabezas salvajes y comunistas, ocho laboratorios de cocaína destruidos,
dos civiles rescatados y quince compañeros muertos en combate; faltándole unos
meses para su retiro, ya a los 45 años,
una mina lo privó de su pierna derecha y
del mazo que pensaba utilizar con más frecuencia, ya que las serpientes, los pájaros y algunos
cuadrúpedos no eran parte de sus gustos carnales. A la sexta paloma no le
faltaba la voluntad, tenías todas sus extremidades, los dos hemisferios Vivían en armonía, pero desde que nació, una rara enfermedad afectó su capacidad de
endurecer su masculinidad, su vida entera la pasó ocupándose en pequeñas
actividades, en las que posaba el olvido de su desgracia, ya iban 13 años de
sesiones nocturnas, en las que el aceite caliente fritaba diferentes aperitivos
para que las ulceras no se expanda en esas barrigas escurridas y alimentara las
palomas caídas y sus descabelladas existencias.
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