viernes, 8 de febrero de 2013

LA ESQUINA DE LAS PALOMAS CAÍDAS





Canas pervertidas, ojos con catarata, cejas pobladas y enroscadas por la terquedad; un manojo de arrugas que evidencian historias a medio contar, alimentadas por centenares de noches en donde el desquite verbal disimula lo que yace muerto entre los pantalones. Quedan seis palomas de las nueve que adornaban la esquina de la carrera quinta con treinta y cuatro, dos son gordas, meticulosas y embusteras, sentadas en sus sillas mecedoras se deleitaban contando como dos mil mujeres secaron sus reservas viriles, dejándolos únicamente habilitados para orinar. La más joven se dedicaba a reírse de los chistes coloridos de sus compañeros de muerte, toda su vida había carecido de contacto consigo mismo, al punto de que nunca supo qué era la intimidad. La siguiente era reconocida por ser elocuente, elegante y esquizofrénica, triple E estallaba en conversaciones prolongadas y deslumbrantes, las demás palomas se quedaban inmóviles por sus palabras convincentes, pero alguna rompía la trama con un comentario o acto soez, triple E nunca se atrevió a llevarle la contraria a su hemisferio cerebral científico y durmió su sexo en la más profunda de las latencias. La penúltima era veterana de guerra, le entregó a su patria veintiocho  cabezas salvajes y comunistas, ocho laboratorios de cocaína destruidos, dos civiles rescatados y quince compañeros muertos en combate; faltándole unos meses para su retiro, ya a los 45 años, una mina lo privó de su pierna derecha y  del mazo que pensaba utilizar con más frecuencia, ya que  las serpientes, los pájaros y algunos cuadrúpedos no eran parte de sus gustos carnales. A la sexta paloma no le faltaba la voluntad, tenías todas sus extremidades, los dos hemisferios Vivían en armonía, pero desde que nació, una rara enfermedad afectó su capacidad de endurecer su masculinidad, su vida entera la pasó ocupándose en pequeñas actividades, en las que posaba el olvido de su desgracia, ya iban 13 años de sesiones nocturnas, en las que el aceite caliente fritaba diferentes aperitivos para que las ulceras no se expanda en esas barrigas escurridas y alimentara las palomas caídas y sus descabelladas existencias.

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