Quién dijo que somos algo, somos
la división que termina en cero. Cero minúsculo, abierto y cerrado, círculo
insignificante, metedero de los que se sientan a la izquierda. Métanme debajo de una roca,
necesito la compañía de un cien pies, por lo menos escucharé cien veces sus
pasos, cien veces que se va, cien veces que llegó. Sácame con encomios, pero apenas
me veas sonreír saque la palmada y devuélvame a la realidad. Salto atrás pero
mirando hacia adelante, sólo para darme cuenta de que retrocediendo se sigue
viendo el horizonte, una línea fina que nunca se alcanza, no es un secreto,
recuerde que hace poco tan sólo te movías dentro de otro humano y tu conexión
con lo que no debiste conocer, era un cordón que luego en manos de un especialista
determinaría el aspecto de nuestro ombligo, bonita gracia, recién nacidos y ya manoseados.
¿Sigues creyendo en la pureza?
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