La niebla espesa acariciaba las
montañas que resguardan la ciudad de los mil males, ubicada al lado izquierdo
de un país lleno de carroña y desgracia, un país que debió ser una isla sin
puntos cardinales para que nada escapara de sus entrañas. La niebla adormecía
cada uno de los habitantes con gélidos movimientos, pero sólo una de tantos
miraba fijamente la mancha blanca viviente que bajaba cada vez más para meterse
en cada rincón de la ciudad e introducirse sin tapujos en cada pulmón humano.
Cabello liso, piel oscura y ojos negros sinónimos de perdición; parada en una
esquina de la novena donde sus colegas nocturnas se van de tour en diversos automóviles
para ganarse una noche más de vida o por el contrario actualizar la fecha de
vencimiento, ajustándola a término de pocas horas. Ella con el cabello suelto y libertino,
con las piernas fijas al pavimento, formaba con sus manos una especie de arma,
el meñique como gatillo fue accionado infinidad de veces hacia la niebla, no
permitiría que el humo de su cigarrillo se mezclara con la pureza descendente,
una contradicción a la vez para no saturar su desdicha.
jueves, 23 de mayo de 2013
martes, 21 de mayo de 2013
MENTECATO
Deseaba no levantarme cada
mañana, alargaba los sueños diariamente hasta donde la caricia de mi madre
irrumpía para iniciar la rutina matutina de ir a la escuela. Cada fin de semana
insistía en quedarme dentro de casa, no aceptaba invitaciones a parques,
cumpleaños o comidas domingueras; mis amigos de barrio pensaron que me había
tomado muy en serio lo de jugar al escondite, algunos rumoreaban que el monstruo
que vivía debajo de todas las camas de
los niños y niñas me tenía secuestrado. Las vecinas preguntaban constantemente
por mí ausencia en sus árboles de cacao y mamoncillo, y el perro de Nicolás
dejó de menear la cola de tanta espera. Mi oso Anselmo se ha convertido en mi cómplice,
el único que a duras penas encuentra explicación para tanto silencio e
infelicidad, juntos ante el primer gran obstáculo de mi vida, amarrarme bien
los zapatos.
sábado, 18 de mayo de 2013
PSIDIUM ARACA
Asomó la mañana con cara gris y con la intensión de llorar,
la ignoré cerrando la ventana. Paso a paso hacia el cuarto donde la somnolencia
se asesina con una descarga de agua torpe y fría; divisé su cuerpo desnudo en
la cama, me daba la espalda como si se tratara de una venganza natural.
Dos almas y una sola desgracia, sostuve mi cabeza para que no provocara mi
enterrada en el piso, lentamente me senté en un sofá, café y maltrecho, que
albergaba el molde de por lo menos unas 40 nalgas diferentes, pertenecientes a
dos generaciones inservibles. Una vez más la vi escurrida entre las sabanas
trasnochadas, miré la hora para darle vida al tiempo y recordar que vivía un
día más y uno menos a la vez, expulsé lentamente el aire que contenía en los
pulmones y respiré hondamente para robarle algo a la vida, me sentí inmortal
por unos segundos, y al oír caer la primera gota de lluvia sobre el tejado, la
mortalidad me lamió la parte trasera del cuello y se extendió hasta la
mitad de mi espalda, en ella sentí como escribió suavemente, 8524 días.
miércoles, 8 de mayo de 2013
BANANITA DE AGUARDIENTE
Tan sólo pienso en planicie, los
colores han perdido cualquier característica de vida, se han transformado en
una paleta de grises. Cada paisaje me oculta sus mesetas, me niega el azul de
la tapa de la realidad, creo que esa es mi expiación por mutilar mi imaginación,
camino inanimado, mirada de destierro y para hablar utilizo el método de
cualquier etiqueta comercia,l porque el vocabulario se me redujo a 100 palabras.
Parpadeo para demostrar que sigo vivo, aunque basta con moverlas para aniquilar
unas cuantas pestañas; el aire entra y sale como se infla y desinfla un globo,
la esencia quedó en una botella arrojada en la inmensidad de Mozambique o
Malpelo, en uno de aquellos vuelos mentales en los que la luna me cegaba y me
desnudaba la conciencia. Me dediqué a recorrer los sitios oscuros, solitarios y grotescos, hospedaje de
los y las olvidadas, de los sin nombre, me
acomodé entre el mugre para revindicar lo que nunca tuve, entre tanta comodidad
el miedo se jubiló para no atenderme, dejándole a la muerte una advertencia, no
vale la pena ni siquiera visitarlo.
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