Ya van casi treinta años con el alma
intoxicada, con un cuerpo lleno de parásitos a punto de explotar, con la
diferencia de no albergar una solitaria o lombrices que se carcomen las
vísceras, esta vez se trata de la polución mediática, de tanta suciedad humana.
Lágrimas, sangre, fluidos, deseos frustrados, no, si, mejor no, prejuicios,
dolor, inutilidad, váyase, lárguese, no llegó, se fue, se murió, pero yo creía
que, creer, competir, perder, mentiras, verdades a medias, hambre, robo, morbo,
esperar sin esperanza. Y ni hablar de todo aquello que de manera inocente, pero
no por ello salvaguarda la culpa, todo aquello que por voluntad propia se
buscó, también aportó a esta cloaca de cuerpo y mente; colchón sucio de
soportar corazones asquerosos, palabras y sentimientos innecesarios, miradas
mutantes, sudores ajenos y amores clientelistas. Lunes rancio con una gata al
lado meneando la cola, embobándome la mirada; como si ella me pudiera responder
le pedí que me purgara lo hecho desde el nacimiento, que me diera arrepentimiento
en cucharadas y me limpiara el alma a lengüetazos. Ella con movimientos sosos posó
su cuerpo al frente de mi mirada mohína y sentí que presumía de su estado, por
un instante me contempló y como si se tratara de telepatía animal un susurro me
llegó suavemente, y con tono mofo me decía, ya quisiera que fuera cierto lo de
las siete vidas y así arrebatarme una, te estas descomponiendo inhumana.
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