Vi diluirse una vida completa,
las lágrimas hablaban de desquicio furtivos. Vi la ilusión meneando su trasero groseramente
mientras se alejaba hacia su próxima víctima. Circo de la desgracia, aviso
luminoso de dimensiones exageradas, no era necesaria tanta luz para descubrir
una mueca en la oscuridad, una inconformidad crónica, un espasmo mental. Tan
sólo era necesaria una presencia, un cuerpo del pasado con pensamientos presentes
y sin noción de futuro. Necesito dos salvaciones, una para mí y la otra para mí
mismo, una inyección letal no sería la solución para acabar con la desdicha del
doble esfuerzo por agonizar con aire gris en los pulmones, ideas premoldeadas,
actos sin referentes y oscuridad tenue, sálvame cobarde.
domingo, 31 de marzo de 2013
DISTOPÍA
La mirada victoriana, el corazón
de piedra tallado en la edad media, se escondía al menor acto de calidez
humana, circundaba lugares públicos pero solitarios, empapados en la niebla de
la madrugada, se desplazaba entre el espesor blanco convulsionando, brotando de
su boca no una babaza blanca sino una verborragia absurda, descargaba lo que su
moral no dejaba escapar cotidianamente, era desnudarse la existencia sin
mostrar los genitales. Luego del monólogo esquizofrénico se abrieron paso las
torturas placenteras, había que recargar aquello expulsado, la necesidad de
culpa era su perdición, su opio inclemente y la línea fina de su cordura.
viernes, 22 de marzo de 2013
DEGUSTACIÓN
Me devoré los labios en cuestión
de segundos, no sabían a hierro, eran más bien un aderezo de vacío, una
prolongación entre la duda de si vivía por vivir o vivía con intenciones de
vivirla. Me sacié de ansias naranjas, color de la temporada “Inútil Pretencioso”.
Era tendencia que recurrieran a mí para donarme sus mortificaciones, si me
abres en dos saldrán expulsadas como si fuera un relicario estallando, el mundo
se dará cuenta de que la segunda caja de pandora fue abierta, para lo que
sigue, dos tragos de tequila, una mujer o un hombre con los labios cubiertos de
sal y el jugo de limón en el ombligo de quien se encuentre desplegando su
desnudez en la alfombra, ¡salud, muerte!.
martes, 19 de marzo de 2013
EMPALAGOSA
Ella
reposaba en un aterciopelado diván azul, dormía desnuda, abandonada en ese
mundo onírico donde sólo gobiernan las tribulaciones que viven en lo profundo
de su mente. Y allí
está ella de nuevo, boca arriba, silueteando las sabanas con su cuerpo, con los
pies apoyados sobre la pared, apuntando a través de la ventana hacia el cielo,
cielo al que teme porque le recuerda el pecado. Su vida es pecado en todas las siete
presentaciones capitales, por eso piensa que algún día le caerá encima y la
hundirá en lo más profundo del infierno, hasta allá me arrastraría para
presenciar el bullir de su esencia a mil grados centígrados. Yo la pienso en
sepia, ese es el color de su piel, de sus ojos, de la miel a que sabe su cuerpo,
esa es su invitación para hombres y mujeres, cadena perpetua si lo desea.
lunes, 18 de marzo de 2013
MILITANTE
El secreto de su existencia estaba en mendigar un bocado de
aire, una bocanada de gas domiciliario, una esquina con parasol para no ser
tocado por la lluvia antes de tiempo. Militó desde niño en la miseria, le vio
la desnudez a la oscuridad y fecundó cuanto terreno roció con el chorrito
amarillo de su ser. Su ritual favorito es bautizarse todos los miércoles en la
fuente de la juventud de la calle 26, dos ángeles esculpidos en mármol fino le
vigilan la espalda, para no terminar con moretones largos con la forma de un bolillo.
Zambulle tres veces su cabeza para purgarse los tres delitos del día anterior,
un bolso negro arrebatado de un brazo distraído, la carga de deditos de la
felicidad que le entrega a los niños para soportar el frío de la noche y la
puñalada que le propinó en la pierna a un desnutrido por el placer de un colchón
desfigurado. Con la cabeza fría y los pensamientos desfigurados zigzaguea hacia
su eterno hogar y su única creencia, madame calle.
PROPUESTA NUCLEAR
Déjame robarte lo que no
mencionas, lo que tus ojos condensan en lágrimas. Te propongo ser nimio, de
desproporciones mentales y latitudes lejanas; vivamos la incongruencia de ser
la ilusión de la naturaleza, de convertirnos en el placer necesario de existencias
innecesarias. Miénteme diez veces para oír
la misma verdad, desnúcame la razón como se fractura de un mordisco un vegetal,
vibremos al ritmo de almas ilegales y no al compás de cuerpos profanados; qué
me preguntarías en este mar de sensaciones cuando te has ido tantas veces,
dejando a la ausencia de cómplice. No te miré porque estoy creyendo en tus
verdades, en tus ansiedades que ficticiamente te otorgué, en tu niñez
brutalmente apetecida y que perpetra alianzas de mí tan dentro de vos. Quizás
no te robaría nada, porque me diste todo y de venganza no te lo recibí, o tal
vez fingiré no verte para que tus escrúpulos de vez en cuando te despierten. Me
aseguraré de no caer en una simple propuesta, dejaré mi boca abierta para que succiones
mi alma como garantía, tan sólo mézclate conmigo una vez más.
miércoles, 13 de marzo de 2013
SUNU
Sunu cuquitos de bohemia,
aniquilaba dientes de león cada tarde, desparramada debajo de un árbol
ancestral, al que llamaba Prudencio, igual que a su abuelo. Niña escurridiza que nunca aprendió a confesarse, de uñas mugrosas y sin la capacidad de
conservar el silencio. La lectura sólo le apetecía en los días de lluvia, que
arruinaba sus encuentros con los dientes de león. Contaba cuantos pelos se le
caían de su cabellera oscura y densa, detestaba el olor a grasa quemada y
devoraba todo lo que veía huérfano en la cocina. Un amanecer le manoseó el
alma, sintió un frío fúnebre que le bajó por la entrañas; divisó que de su
pecho plano surgían dos mesetas inocentes sin vegetación alguna, la pelvis y
las axilas se le oscurecieron de color pecado y un espejo confirmó el nuevo
grosor de sus labios juveniles. El último diente de león fue desvanecido por su
aliento insípido, Prudencio tan sólo la consoló dejando caer una lluvia de
hojas sobre su presencia; miró el rojizo atardecer que se apagaba al mismo ritmo
que sus ojos perdían el brillo de la inocencia.
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