domingo, 31 de marzo de 2013

DISTOPÍA




La mirada victoriana, el corazón de piedra tallado en la edad media, se escondía al menor acto de calidez humana, circundaba lugares públicos pero solitarios, empapados en la niebla de la madrugada, se desplazaba entre el espesor blanco convulsionando, brotando de su boca no una babaza blanca sino una verborragia absurda, descargaba lo que su moral no dejaba escapar cotidianamente, era desnudarse la existencia sin mostrar los genitales. Luego del monólogo esquizofrénico se abrieron paso las torturas placenteras, había que recargar aquello expulsado, la necesidad de culpa era su perdición, su opio inclemente y la línea fina de su cordura.

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