Me devoré los labios en cuestión
de segundos, no sabían a hierro, eran más bien un aderezo de vacío, una
prolongación entre la duda de si vivía por vivir o vivía con intenciones de
vivirla. Me sacié de ansias naranjas, color de la temporada “Inútil Pretencioso”.
Era tendencia que recurrieran a mí para donarme sus mortificaciones, si me
abres en dos saldrán expulsadas como si fuera un relicario estallando, el mundo
se dará cuenta de que la segunda caja de pandora fue abierta, para lo que
sigue, dos tragos de tequila, una mujer o un hombre con los labios cubiertos de
sal y el jugo de limón en el ombligo de quien se encuentre desplegando su
desnudez en la alfombra, ¡salud, muerte!.
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