lunes, 18 de marzo de 2013

MILITANTE




El secreto de su existencia estaba en mendigar un bocado de aire, una bocanada de gas domiciliario, una esquina con parasol para no ser tocado por la lluvia antes de tiempo. Militó desde niño en la miseria, le vio la desnudez a la oscuridad y fecundó cuanto terreno roció con el chorrito amarillo de su ser. Su ritual favorito es bautizarse todos los miércoles en la fuente de la juventud de la calle 26, dos ángeles esculpidos en mármol fino le vigilan la espalda, para no terminar con moretones largos con la forma de un bolillo. Zambulle tres veces su cabeza para purgarse los tres delitos del día anterior, un bolso negro arrebatado de un brazo distraído, la carga de deditos de la felicidad que le entrega a los niños para soportar el frío de la noche y la puñalada que le propinó en la pierna a un desnutrido por el placer de un colchón desfigurado. Con la cabeza fría y los pensamientos desfigurados zigzaguea hacia su eterno hogar y su única creencia, madame calle.   

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