Contemplaba las sonrisas de los
niños al soltarse de la rueda humana, forjada por las manos de cada uno de
ellos, el perro que saltaba detrás de su juguete de turno o los ancianos doblados
por el tiempo y la gravedad, que se aferraban entre ellos para descender el andén
de una casa tan desgastada como sus dueños. Las pequeñas cosas se agudizaron y
cada una iba contando una historia ante la indiferencia de los presentes, la
complacencia de los enamorados en sus danzas gestuales y vocales, se trata de
una guerra simbólica donde los dos pierden el alma, las cuales se escabullen
entre las hojas de los arboles expulsando risotadas lascivas. La niña miraba a
su padre desconsolada porque una hormiga le causó una roncha rojiza, mientras
él tan sólo le dedicó una cura verbal
-no pasó nada-, pero su foco mental era la chica delgada quien imitaba perfectamente
la figura de un maniquí, esa figura robaba toda la atención paternal que fue
clausurada con un lloriqueo estruendoso. Sentado en la esquina del parque, un
hombre descarga su tristeza y el hambre en los golpes que se da en el pecho,
cómo si le rogara a su divinidad preferida la piedad, pero no descifré si la
pedía para que alguien lo notara y decidiera ayudarlo o lo borrara de una vez por todas del mundo, al
fin y al cabo la dignidad la traía en una mochila mal oliente y el desespero lo
amenazaba con degollarlo. Un par de jóvenes entrados en la época en la que se
convierte una mujer, en una trapecista sensual que les cumple en su imaginación
cada posición vista en el Kama Sutra, pero que en realidad se calmará con un
aleteo veloz. Destilé cuidadosamente muchas cosas a mi paso, pero empecé a
complicarme hasta al caminar, cerré los ojos y visualicé todo en proporciones familiares,
al punto de que las huellas diminutas de las hormigas se asemejaban a las de un
humano.
jueves, 31 de enero de 2013
INIFERNO, CIELO Y TIERRA
En infierno es la patria de lo
irreal y de los buscadores de la dicha. Es un refugio para quienes huyen del
cielo, que es la patria de los amos de la realidad, y para quienes huyen de la
tierra, que es la patria de los esclavos de la realidad.
BERNARD SHAW – MAN AND SUPERMAN.
martes, 29 de enero de 2013
PARCO
Mientras los pensamientos revoloteaban
entre el polvo, que pasaba por medio de las hendiduras de la pared de ladrillo
quemado, miraba decididamente como se secaba el rastro húmedo dejado por el
trapeador, meneado por un divorciado en el inquilinato de la Agradable Peste.
Baldosas amarillas con manchas negras, un diseño del siglo XX que muchas casa
colombianas apropiaron para garantizar un ahorro de 30 años, antes de pensar en
volver a cambiar el piso. Me apuro a bajar las escaleras desde el tercer piso,
para eliminar contundentemente la calvicie y la raya del trasero de aquel
hombre, que al encorvarse para hacer mejor su trabajo, mostraba como se dividía
su cuerpo sin darse cuenta que el mundo no lo necesitaba. Llegué a la entrada
principal como lo había previsto, al dar el primer paso hacia la realidad,
escuché como los fuegos pirotécnicos de un arma se clavaban en el pecho de un
desalmado, observé como lentamente su camisa azul clara se convertía en el
capote de un torero, los ojos se le cerraron instantáneamente mientras su
cuerpo se tomó un poco más de tiempo para acomodarse en el pavimento. El
artista con su arma de fuegos pirotécnicos huyó con la misma tranquilidad de
las personas que entran a un centro comercial o la salida del cine, el tiempo
no se apiadó del desalmado y no le otorgó el beneficio de la agonía, la gente
formó un circulo alrededor de su cuerpo inanimado como en una especie de
ritual, en donde las especulaciones son las oraciones de despedida. Quise
borrar el evento de mi memoria y tan sólo se me ocurrió devolverme hacia el
tercer piso, dando los pasos de espaldas, imitando la rebobinada de un casete,
se cegó de nuevo mi ojo derecho, pisé cada una de las gradas al mismo ritmo, el
hombre calvo ya se encontraba en el segundo piso meneándose al ritmo del trapeador,
tropecé con la puerta de mi cuarto pasajero, abrí la puerta como de costumbre,
encendí la licuadora del olvido y en ella agregué un muerto, un trapeador, la raya
del destino, 48 gradas y una pizca de rumores como endulzante.
viernes, 25 de enero de 2013
NEUTRALIDAD
No me importa si eres de izquierda o de derecha, a mí discurso sólo le importa el centro de tu cuerpo.
PERDEDOR
Ese debió ser mi nombre desde el
momento en que se fecundó el óvulo, una derrota biológica con un complejo
sistema de nervios y con la necesidad instintiva de andar detrás, delante o al
lado de millones de errores con las mismas características. Descubrí como me
arrebataban la cálida sensación de succionar un seno, después se ensañaron con
mi inocencia, meticulosamente fueron carcomiendo lo poco que llegaba a ser en
uno o dos años. Los conocimientos me los embutían en jornadas de seis a ocho
horas, con la finalidad de hacerme infeliz, de quitarme la sorpresa de lo que
desmantelaba con mis sentidos. Cada día se repetían las negociaciones, plato de
comida y se achacaba un comportamiento pisoteándolo con otro correcto, un
afecto entregado y no había devuelta, fui quedando gris para ver si me
distinguía. Apelaba a cuanto recurso repulsivo podía llevarme a conservarme,
sin que me fuera guillotinado por una mirada o una opinión y no obtuve sino el
desempleo y la soledad, quise brindar mi virginidad a un cuerpo célibe pero la
pulvericé con unos cuantos billetes en el bolsillo y dentro de un lugar donde
el anuncio engañaba a los cristianos nocturnos. Como el desempleo no lo
controlaba, ante la soledad lo único que hice fue amenazarla con dejarla algún
día, pero cientos de días murieron sin velorio, la promesa se fue añejando para
convertirse en una frase insulsa, enfrascada en un ataúd, que a su vez le
reforzaron la seguridad en una bóveda gélida, como si fuera a huir de ahí el
sonido de mi apodo.
martes, 22 de enero de 2013
!!! AL CARAJO ¡¡¡
Anunciado el viaje, empecé a
enterrarla al doble de profundidad que a cualquier difunto, que no estorbe ni
su presencia o el recuerdo. Los pasos dubitativos me llevaron hacia el alcohol,
tratando de sofocar el deseo casi persistente de sentirla en mis brazos. En su
lugar, dominé el cuerpo húmedo de una cerveza, dejé volar la furia entre la
espuma espesa; de un salto me encontré al lado de mujeres solidarias a mis
penas, una me empalagaba en frases corrosivas, la otra me acariciaba el sexo
con angustia y la tercera me mandaba la cabeza hacia arriba y abajo, como si me
hubiese convertido en un balero. Extrañarla
o sufrir no serían las condiciones de mi penitenciaria hogareña, no creo que
haya sido lo suficientemente necesaria en mi vida, pero aún trato de entender
el porqué de su frialdad elocuente. Su aliento no desprendía aire sino un hedor
fúnebre que se asemejó al sudor de los cuatro cuerpos tendidos en una alfombra
harapienta, la hombría la rebusqué entre las ropas sin vida, para no llorar
delante de estos cuerpos dominados por la oscuridad, la necesidad y la complacencia.
domingo, 20 de enero de 2013
DESEMPOLVANDO CEREBROS
PARTE 1
Albergando historias no contadas
en donde sólo sucumbe el silencio, podría ser parte de un alma resignada,
detenida ante la capacidad del lenguaje y la oratoria, de vocalizar y exclamar
cuanta indigestión vivencial sufre cada humano; condiciones contingentes de
libertad diagnosticadas por una secuencia histórica de procurar el orden y la
reproducción social. Montones y montones de falacias prejuiciales, orgánicas y
sometedoras; somos el reflejo de la indiferencia, de pensamientos translucidos
y fortuitos donde la mezcla de comprender cosas impensables y actos de conocimiento
común o universal, como el simple hecho de comer, matar o morir, permean
realidades que comparten sólo un mundo. En ese preciso instante sin permiso
voluntario, un duplicado de mí comienza a succionar demonios de cuanto
transeúnte se atravesaba en su camino, demonios ocultos en el descontento de
cada persona, por aquel que los chocó al pasar. Al mirar el pordiosero de
necesidades infinitas y el afán colérico por llegar al trabajo, la universidad
o una charla pueril. ¡Afán¡
maldita sea esa palabra materializada en lo mundano, pareciese que fuéramos
esclavos de su proceder, hay que mofarse de lo anterior, porque eso no deja
nada más que historias inconclusas. La única forma de concluir algo en este
mundo es la muerte mi querida alma sonriente; de eso serás testigo, del
presenciar sensaciones ajenas a tu estancia terrenal, tan placenteras como
vivirlas, sería como auspiciar una vivencia tras otra sin pagar impuestos o
regalías, pensar exclusivamente en lo magnánimo e irreal de hacerlo.
PARTE 2.
Letargos sofocados por el tronar
de mis dedos o muñecas, sonidos de guitarras, voces rasgadas o melodiosas;
caminante inconsciente dentro de un lugar más que conocido, conversaciones con
la misma persona a la que baño, alimento y saturo de conocimientos. Esa misma persona egoísta, terca
y cobarde, pero que no se esconde, tan sólo escapa a remolinos sin nombre o
nombrados; nombres ensordecidos por la fuerte contraposición de tu caminar, del
choque entre tu cabello y aquello que no podemos ver. Sonrisas, sonrisas, sonrisas y
sonrisas, aquellas sonrisas públicas, retenidas, maliciosas, insinuantes y
hasta mudas y reprimidas, son como el lenguaje de dos existencias expuestas en
un teatro lleno de cuerpos con expectativas y prejuicios.
PARTE 3.
miércoles, 16 de enero de 2013
IDEAL
Podrás verme la cara pero no el
alma, con eso bastará para evitarnos la angustia de saberlo todo el uno del
otro. Nuestro amor nunca responderá a lo ideal, ideal es poder decidir si se
quiere nacer o no, es una sensación de imposibilidad de turno que se rellena
con lo que se vive. Tan sólo déjame abrazarte cada noche, que el inicio del
toqueteo de los cuerpos lo comanden las lagartijas con su peculiar sonido. Quiero
que nuestra vida sea una niñez eterna, amparados en la codicia de la inocencia,
disponiendo de nuestros sentidos para conocer el mundo una y otra vez. Vuélvete
ideal si lo deseas, pero no me arranques la fantasía de entrelazar las manos y
mirarnos llenos de libertad, dando bocanadas lentas y profundas en las que confundamos
nuestras ideas con el aire.
martes, 15 de enero de 2013
COMPLICIDAD
Ese o esa no es mi tipo, aquello
no me gusta o ni amenazado hago tal cosa, parece el conjuro de cada humano para
distinguirse entre los demás. Dese cuenta entonces que mi particularidad se
basa en que la estupidez me llegó a los talones, me sacudí ligeramente para ver
si evitaba su progreso, en vez de eso trepó hasta mi consciencia. Huyo de las
sonrisas genéricas, puedo casi asegurar que soy alérgico a las personas que las
producen, deberían venderlas en velorios, salas de cuidados intensivos o los
semáforos, yo compraría una para mirar a la muerte antes de darle la mano
amablemente. Prefiero comer en mi casa, de manera grotesca, viendo volar
partículas de comida para alimentar a las hormigas, que al terminar los dedos
me brillen y pueda saborearlos sin vacilación. Duermo bocabajo para no besar la
oscuridad de cada noche, y mucho menos dejarme meter su aire silencioso. Creo
que las lagañas son el excremento de los ojos, sobre todo de aquellos ojos
neutros, agazapados y mezquinos. Mantengo mi mirada alejada de las uñas de mis
cuatro extremidades, ni el mejor de los alfareros, orfebres o escultores lograría darles forma, aunque sea una
presentación decente si quiera para conquistarme nuevamente. Me calcino
internamente al lavar cualquier objeto, y sentir que el agua humedece una parte
de mi cuerpo que no debía ser tocada por el agua. Momento, no hubo diferencia,
sigo conjurando.
jueves, 10 de enero de 2013
PA´ ENTRO
Esquina acuñada por el sol,
paredes levantadas a punta de estiércol y barro, y de techo, tejas corridas con
moho de adorno. La Carmelita es su
nombre, bautizada así por la esposa devota a La Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y
el esposo adicto a la dulce sensación que le deja el chirrinchi al atravesar su
garganta. El nombre parecía profético, todo un culto al alcohol, porque el
fanatismo divino no perduró mucho a causa de la muerte de doña Adelina. Eusebio
no encontró tregua en las oraciones y convirtió La Carmelita en hogar de las
penas de cuanto esposo no quería llevar
la plata de la remesa cada viernes, de la joven desempleada y despechada, del
amargado o amargada que los consuelos les saben a cigarrillos baratos. Era el
hogar del luto eterno, la cuna de las historias y para hacer moñona hasta la
tumba de las mismas, pues cada que se contaba una, ningún oyente la recordaría
a la mañana siguiente. El corrincheo era continuo de Jueves a Domingo, el olor
a humo viejo y alcohol curtido era su esencia. Las lluvias de octubre no
detenían la algarabía así provocaran el corte del flujo eléctrico, ni la muerte
de algunos en aquella esquina causaba resistencia a la llegada de nuevas ánimas.
El barrio creció a su alrededor como si se tratara de una iglesia o la casa comunal, era cuestión de historia, algo
más que simbólico. Llegó el 26 de Julio de 1988, Eusebio alcanzó el jardín del
Monte Carmelo, se reencontró con Adelina y el cielo destiló agua en su
ausencia. La carmelita se fue desmoronando con el tiempo y de ella no quedan
sino cicatrices en demasiadas espaldas y brazos, producto de las riñas
nocturnas, dejó hígados maltrechos, matrimonios ansiosos de divorcio,
virginidades aniquiladas y canciones perdidas en el aire. Dentro de La
carmelita cada quien encontró lo que nunca fue, un motivo, una excusa, ningún
por qué.
martes, 8 de enero de 2013
DE OFERTA
Me vendo, alquilo o permuto.
Estoy a la espera de lo casual, de la sonrisa improvisada y del halago
inesperado. La oferta de un abrazo está garantiza, doy hasta dos si se empieza
una buena conversación. Las conversaciones son el diagnóstico de toda relación
social, simplemente te metes un termómetro en la boca y otro en el cerebro, y cual
concurso ochentero esperas que la luz parpadee como señal de triunfo. En el
mejor de los casos las sonrisas brotan como comodines, ojalá fuera simple sacar
una sonrisa, eso de poner una cara a moverse no es lo mío ni debería esperarlo
de los demás. Fíjese en el dilema que me he metido por vivir, mejor me empeño
en distinguir y no elegir.
jueves, 3 de enero de 2013
!VISTE¡ !VISTE¡
La luciérnaga desplegaba su luz
solitaria, su sonido era cada vez más agudo al acercarse a un niño extendido en
el suelo de su casa. El niño sólo miraba como le sobrevolaba la cabeza, Sumiso,
inmóvil y desconcertado. No comprendía el lenguaje de la naturaleza, una
pesadumbre más, una incertidumbre más. Cada
día se la pasaba mirando a través de su ventana, divisaba a sus colegas correr
uno tras otro. Risas, pelotas contra los andenes, columpios rojos, dulces
pegados a la ropa. Todo era motivo de gracia, pero él no lo comprendía,
seguramente nació sin un espíritu infantil, tal vez su intelecto no cedía a
tales placeres. Todo a su alrededor parecía alejarse sin razón alguna. Por
vigésima vez apartó sus dos manos, de sus dos orejas, y no logró escuchar el
sonido ni de sus pasos. El llanto ocupó de nuevo su vida. Su madre se acercó
lentamente y consolándolo sin lograr cambio alguno, empezó a mover sus manos
formando algún tipo de señal, en la que tan sólo le decía. ¡Viste! ¡viste!, yo te lo advertí.
martes, 1 de enero de 2013
DESPEGUE!!!!!!
Le escupí el cuerpo con tanta
excitación, que la saliva al golpearla produjo un sonido seco, casi perfecto
para mi lujuria. La saliva burbujeante se deslizaba por su cuello con paso
lento, al parecer el calor de su cuerpo la consumía rápidamente. Aceleré su
despliegue con mi mano derecha, con ella desparramé la saliva hasta que se
fusionó con la piel. Con mi otra mano tiraba de su cabello fuertemente,
mientras mordía su pezón caliente. Sus ojos se mantenían cerrados, su labio
inferior era mordido por sus dientes, que a su vez obstaculizaban la salida de
su lengua venenosa, esa prolongación carnal sedienta de mi pene. La frotación
de los cuerpos fusionaba el olor del sudor, con el de nuestras colonias,
y el aceite con un leve aroma a pino que disfrutamos desparramar por cada centímetro
de piel. Bruscamente hice que su cuerpo quedara boca abajo, podía ver como su
tronco se bifurcaba delicadamente, dándole forma a sus nalgas exóticas. Una de
ellas estaba rojiza, producto de unas sucesivas y variadas nalgadas. Probé sus
piernas firmes y tiernas. Mi lengua dibujaba múltiples caminos hacia sus nalgas,
al mismo tiempo que introducía dos de mis dedos en su vagina indefensa, mojada
y caliente. Mi verga se endureció tanto, que pareció pesarme más de lo usual,
quería penetrarla sin reparo alguno. Todo mi cuerpo vibraba encima del suyo,
como si necesitara que mi verga dura se desapareciera en su interior. Antes de
empujarla dentro de su ser decidí agarrarle fuerte las manos, la mordí sutilmente
en la unión entre el cuello y la espalda. Tomé una bocanada de aire de su
cabello alborotado, lamí su espalda salada bajando en línea recta, hasta besarle
la nalga que aún no habían marcado mis manos. Cogí mi verga y la escupí para
meterla fácilmente. Sujeté de nuevo sus manos y dejé que mi verga se deslizara
en su vagina con lentitud, a partir de allí variaron las posiciones de nuestros
cuerpos y la velocidad de los sexos chocando. Agarraste mi pecho con fuerza
para terminar clavándole tus uñas. Danzabas encima de mí, empujándome y sacándome
de tu interior a tu placer, aceleraste los movimientos hasta que estallamos en
gemidos, y mi blanca leche se derramaba por tus piernas. Los cuerpos quedaron
tensos por un momento, pero repetidas contorsiones relajaron cada musculo de
estos. Descansaste tus pechos y tu cabeza en mi abdomen, hasta que sólo
escuchamos el sonido de nuestras respiraciones. No pasó mucho tiempo para que
levantaras tu rostro y con una mirada lasciva, me dijeras, no estuvo mal maldito.
Mordisco en la oreja, beso en la punta de la nariz y la noche ordenó la
dormida.
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