Me vendo, alquilo o permuto.
Estoy a la espera de lo casual, de la sonrisa improvisada y del halago
inesperado. La oferta de un abrazo está garantiza, doy hasta dos si se empieza
una buena conversación. Las conversaciones son el diagnóstico de toda relación
social, simplemente te metes un termómetro en la boca y otro en el cerebro, y cual
concurso ochentero esperas que la luz parpadee como señal de triunfo. En el
mejor de los casos las sonrisas brotan como comodines, ojalá fuera simple sacar
una sonrisa, eso de poner una cara a moverse no es lo mío ni debería esperarlo
de los demás. Fíjese en el dilema que me he metido por vivir, mejor me empeño
en distinguir y no elegir.

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