Ese o esa no es mi tipo, aquello
no me gusta o ni amenazado hago tal cosa, parece el conjuro de cada humano para
distinguirse entre los demás. Dese cuenta entonces que mi particularidad se
basa en que la estupidez me llegó a los talones, me sacudí ligeramente para ver
si evitaba su progreso, en vez de eso trepó hasta mi consciencia. Huyo de las
sonrisas genéricas, puedo casi asegurar que soy alérgico a las personas que las
producen, deberían venderlas en velorios, salas de cuidados intensivos o los
semáforos, yo compraría una para mirar a la muerte antes de darle la mano
amablemente. Prefiero comer en mi casa, de manera grotesca, viendo volar
partículas de comida para alimentar a las hormigas, que al terminar los dedos
me brillen y pueda saborearlos sin vacilación. Duermo bocabajo para no besar la
oscuridad de cada noche, y mucho menos dejarme meter su aire silencioso. Creo
que las lagañas son el excremento de los ojos, sobre todo de aquellos ojos
neutros, agazapados y mezquinos. Mantengo mi mirada alejada de las uñas de mis
cuatro extremidades, ni el mejor de los alfareros, orfebres o escultores lograría darles forma, aunque sea una
presentación decente si quiera para conquistarme nuevamente. Me calcino
internamente al lavar cualquier objeto, y sentir que el agua humedece una parte
de mi cuerpo que no debía ser tocada por el agua. Momento, no hubo diferencia,
sigo conjurando.

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