domingo, 20 de enero de 2013

DESEMPOLVANDO CEREBROS


PARTE 1

Albergando historias no contadas en donde sólo sucumbe el silencio, podría ser parte de un alma resignada, detenida ante la capacidad del lenguaje y la oratoria, de vocalizar y exclamar cuanta indigestión vivencial sufre cada humano; condiciones contingentes de libertad diagnosticadas por una secuencia histórica de procurar el orden y la reproducción social. Montones y montones de falacias prejuiciales, orgánicas y sometedoras; somos el reflejo de la indiferencia, de pensamientos translucidos y fortuitos donde la mezcla de comprender cosas impensables y actos de conocimiento común o universal, como el simple hecho de comer, matar o morir, permean realidades que comparten sólo un mundo. En ese preciso instante sin permiso voluntario, un duplicado de mí comienza a succionar demonios de cuanto transeúnte se atravesaba en su camino, demonios ocultos en el descontento de cada persona, por aquel que los chocó al pasar. Al mirar el pordiosero de necesidades infinitas y el afán colérico por llegar al trabajo, la universidad o una charla pueril. ¡Afán¡ maldita sea esa palabra materializada en lo mundano, pareciese que fuéramos esclavos de su proceder, hay que mofarse de lo anterior, porque eso no deja nada más que historias inconclusas. La única forma de concluir algo en este mundo es la muerte mi querida alma sonriente; de eso serás testigo, del presenciar sensaciones ajenas a tu estancia terrenal, tan placenteras como vivirlas, sería como auspiciar una vivencia tras otra sin pagar impuestos o regalías, pensar exclusivamente en lo magnánimo e irreal de hacerlo.



PARTE 2.

Letargos sofocados por el tronar de mis dedos o muñecas, sonidos de guitarras, voces rasgadas o melodiosas; caminante inconsciente dentro de un lugar más que conocido, conversaciones con la misma persona a la que baño, alimento y saturo de conocimientos. Esa misma persona egoísta, terca y cobarde, pero que no se esconde, tan sólo escapa a remolinos sin nombre o nombrados; nombres ensordecidos por la fuerte contraposición de tu caminar, del choque entre tu cabello y aquello que no podemos ver. Sonrisas, sonrisas, sonrisas y sonrisas, aquellas sonrisas públicas, retenidas, maliciosas, insinuantes y hasta mudas y reprimidas, son como el lenguaje de dos existencias expuestas en un teatro lleno de cuerpos con expectativas y prejuicios.





PARTE 3.

Caminar bajo la lluvia implicaba no esconderme a la naturaleza, no escapar de su majestuosidad; eso era un hecho, fui un cuerpo víctima de pequeñas partículas viajeras con destino a la nada, dejé mí ser a la intemperie del tiempo y sus hazañas, pero no logré huir de tu recuerdo que golpeaba tan fuerte como cada una de esas gotas descarriadas. Elaboré con cada paso una ruta al olvido, un laberinto de proporciones epopeyicas, para depositar el estallido silencioso de miles de días y noches, tan pasivo el estruendo que ni su dueño lo escuchaba o más bien esquivaba cuanto flujo vital lo llevaba a el.


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