PARTE 1
Albergando historias no contadas
en donde sólo sucumbe el silencio, podría ser parte de un alma resignada,
detenida ante la capacidad del lenguaje y la oratoria, de vocalizar y exclamar
cuanta indigestión vivencial sufre cada humano; condiciones contingentes de
libertad diagnosticadas por una secuencia histórica de procurar el orden y la
reproducción social. Montones y montones de falacias prejuiciales, orgánicas y
sometedoras; somos el reflejo de la indiferencia, de pensamientos translucidos
y fortuitos donde la mezcla de comprender cosas impensables y actos de conocimiento
común o universal, como el simple hecho de comer, matar o morir, permean
realidades que comparten sólo un mundo. En ese preciso instante sin permiso
voluntario, un duplicado de mí comienza a succionar demonios de cuanto
transeúnte se atravesaba en su camino, demonios ocultos en el descontento de
cada persona, por aquel que los chocó al pasar. Al mirar el pordiosero de
necesidades infinitas y el afán colérico por llegar al trabajo, la universidad
o una charla pueril. ¡Afán¡
maldita sea esa palabra materializada en lo mundano, pareciese que fuéramos
esclavos de su proceder, hay que mofarse de lo anterior, porque eso no deja
nada más que historias inconclusas. La única forma de concluir algo en este
mundo es la muerte mi querida alma sonriente; de eso serás testigo, del
presenciar sensaciones ajenas a tu estancia terrenal, tan placenteras como
vivirlas, sería como auspiciar una vivencia tras otra sin pagar impuestos o
regalías, pensar exclusivamente en lo magnánimo e irreal de hacerlo.
PARTE 2.
Letargos sofocados por el tronar
de mis dedos o muñecas, sonidos de guitarras, voces rasgadas o melodiosas;
caminante inconsciente dentro de un lugar más que conocido, conversaciones con
la misma persona a la que baño, alimento y saturo de conocimientos. Esa misma persona egoísta, terca
y cobarde, pero que no se esconde, tan sólo escapa a remolinos sin nombre o
nombrados; nombres ensordecidos por la fuerte contraposición de tu caminar, del
choque entre tu cabello y aquello que no podemos ver. Sonrisas, sonrisas, sonrisas y
sonrisas, aquellas sonrisas públicas, retenidas, maliciosas, insinuantes y
hasta mudas y reprimidas, son como el lenguaje de dos existencias expuestas en
un teatro lleno de cuerpos con expectativas y prejuicios.
PARTE 3.


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